Convierto tu caos digital en un sistema comercial que podés dirigir. Para que dejes de ser el técnico de tu negocio y te conviertas en el Director.
Mes a mes, con inteligencia artificial haciendo el trabajo duro. Vos lo mirás desde un tablero y decidís.
Trabajo con seis negocios por vez. Sin compromiso en la llamada.
Vos sabés hacer lo tuyo. En eso no te gana nadie, y ese nunca fue el problema.
El problema es que la persona te encuentre. Que entienda qué vendés antes de la primera llamada. Que quede anotada en algún lado. Que reciba el correo. Que vuelva a los tres meses, cuando ya se olvidó de vos.
Eso también es un trabajo. Uno entero, distinto del tuyo, que hoy hacés en los ratos que te sobran. Por eso avanza los meses tranquilos y se frena los meses que estás lleno, que son justo los meses en que más importaría.
Consigue clientes sólo por recomendación. Cuando el teléfono no suena, no sabe qué tocar.
Once turnos de veinte. Publicó tres veces este mes, contestó todo, y la semana que viene tiene doce.
No tiene una sola foto ordenada. Cada vez que le piden trabajos, los junta de nuevo.
Hasta hace dos años, ese trabajo de alrededor se resolvía contratando un equipo: un community manager, un diseñador, un programador. Ahora no.
Ahora el que edita, el que escribe el correo, el que arma la página y el que contesta a las tres de la mañana es una máquina. El puesto de abajo ya está cubierto.
El que quedó vacante es el de arriba. Alguien que sepa qué hay que pedirle a esa máquina, en qué orden, y cómo se arma todo eso junto para que termine en una venta.
Ese puesto es tuyo. Lo mío es construirte la máquina que vas a dirigir desde ahí.
Todos los meses armo, ajusto y hago funcionar una parte de tu sistema comercial. Vos lo mirás desde un tablero y decidís.
Y cuando sale una herramienta nueva de inteligencia artificial que de verdad sirve, la pruebo yo y te la implemento. No vas a tener que estar atrás de las novedades: esa parte es literalmente mi trabajo.
Lo que estás contratando es que tu sistema no se quede quieto: que se mantenga actualizado, que avance y que crezca.
Cuarenta y cinco minutos. Qué está roto, qué falta y en qué orden se toca.
No es un diagnóstico para venderte algo después. Es la hoja de ruta con la que vamos a trabajar todos los meses.
Lo abrís cuando quieras. Qué está hecho, qué estoy haciendo, qué espera tu decisión.
Miramos lo que se movió y decidimos lo que sigue.
Todo lo que hago queda escrito en un tablero tuyo. Es una pantalla que abrís cualquier día, sin esperar a que yo te mande nada.
Qué está hecho. Qué estoy haciendo esta semana. Qué espera una decisión tuya. Qué se decidió, cuándo, y por qué.
Y desde ahí mismo aprobás, pedís cambios o rechazás. Sin llamarme, sin esperar a la reunión.
Lo que avanzó tu negocio este mes no te lo tengo que contar. Lo abrís y está.
Cuál te corresponde sale de la llamada, no de esta página. El que entra se queda con su precio mientras siga siendo cliente.
Para el que hoy no publica, o publica cuando se acuerda, y necesita que eso deje de depender de cómo le vino la semana.
Consultar por WhatsAppPara el que ya tiene gente que lo mira y no tiene dónde meterla. No se compra tráfico hacia un embudo que no existe.
Consultar por WhatsAppPara el que ya tiene el sistema andando y ahora quiere volumen.
Consultar por WhatsAppEs el único que mueve todas las partes a la vez, y la que suma es la que ninguno de los otros toca: qué vendés. Con qué oferta, a cuánto, y en qué orden se lo contás a la gente. Tiene fecha de inicio y de fin, por eso se cotiza por proyecto y no por mes. No se lo propongo a cualquiera: se lo propongo a quien ya viene trabajando conmigo hace meses, porque un lanzamiento sobre un sistema que no existe todavía quema dos cosas a la vez: la plata y la audiencia.
No atiendo a tus clientes, no firmo tus documentos, no doy tus turnos. Trabajo sobre todo lo que pasa alrededor de eso.
Todo sale de la hoja de ruta que acordamos. Si aparece algo nuevo a mitad de mes, entra en la lista y lo decidimos en la reunión. Así el mes no se convierte en una carrera de urgencias.
En la misma ciudad, no. El lugar lo tiene el que llega primero.
Un proyecto puntual te deja con algo que funciona el día que te lo entrego. Tres meses después salió una herramienta que hace eso mismo mejor, cambió un algoritmo, y lo que te armé quedó viejo. Vos no te enteraste, porque estabas trabajando. Lo mensual te compra una cosa sola: que el sistema no se te quede atrás.
No lo sabés, y yo tampoco. Nadie lo sabe. Lo que sí pasa es que yo pruebo diez y te implemento la que quedó parada. Ese filtro es la mitad de lo que estás pagando. Y no lo hago solo para vos: tengo una comunidad a la que le muestro todos los meses qué estoy usando y cómo lo uso, con la pantalla compartida. Lo que te implemento es lo que uso yo.
El primer mes no vas a ver ventas nuevas. Vas a ver tu marca publicando sin que la empujes, tus documentos escritos donde antes no había nada, y un tablero que te dice en qué estado está cada cosa. Los resultados de un sistema comercial aparecen alrededor del tercer mes. El primero es el mes en que se ordena.
Probable. Y mirá qué compraste: un curso, una plantilla, una herramienta, un método. Todo eso tiene la misma forma. Te lo entregan y después te dejan solo con la parte difícil, que es armarlo, mantenerlo y decidir qué va primero. Acá el armado es el producto. No te lo explico. Lo hago.
La inteligencia artificial es una herramienta, como lo fue el correo electrónico. Lo que no es moda es lo de siempre: que alguien te encuentre, entienda qué hacés y te compre. Eso funciona igual que hace cuarenta años. La IA solamente cambió cuánto cuesta hacer que eso pase. Y lo cambió tanto que el que no la usa hoy compite contra alguien que produce diez veces más que él.
Podés contratarla. Y te va a hacer exactamente lo que le pidas. Ese es el punto: exactamente lo que le pidas. El trabajo empieza después del botón: saber qué pedirle, en qué orden, y qué hacer con lo que devuelve. Una herramienta no te va a decir que tu problema es que no tenés dónde meter a la gente que mira tu contenido.
Dos, y prefiero decirlos yo. Soy uno solo. Si a mitad de mes se te ocurre algo nuevo, te voy a decir que lo anotemos para la reunión. Al que quiere una agencia que le levante el teléfono a cualquier hora, esto lo va a frustrar. Y el primer mes es el más aburrido de los tres. Se ordena. Ordenar no se ve, y hasta que no está ordenado no se puede construir nada encima.
Estoy abriendo los primeros lugares ahora, y lo digo en vez de inventar una cartera. Lo que no es nuevo es el trabajo: los procesos, la máquina de contenido y el tablero vienen de años de hacer esto, para mí y para clientes. Lo nuevo es la forma de contratarlo.
Y algo que te conviene hacer lo hagas conmigo o no: hablá con otros dos y mirá cómo encaran un caso como el tuyo. Vas a comparar igual.
Todos tenemos un sistema de ventas. Algunos lo dirigen. El resto lo empuja a mano.Si estás empujando el tuyo a mano, empezamos por ahí.
Seis negocios por vez. Sin compromiso en la llamada.